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martes, 21 de junio de 2011

El Salto.

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Tenía todo un futuro planeado. Toda mi vida fui así, de planear las cosas. Me encantaba saber que iba a hacer el resto de mis años (mamá siempre dice que no sabe a quién salí, porque ella es totalmente lo opuesto, no le importa que va a hacer más adelante). Supongo que me gusta estar tranquila, sabiendo que mañana va a estar todo bien, que todo va a salir como pensé, etc. Pero las cosas nunca salieron como yo quise. La vida esta formada por miles de sucesos, para mí la vida es la de todos juntos (incluyendo a las personas que no sé, viven en china o por ahí en la loma del orto), a lo que voy, es que la vida de cada persona del mundo se une, porque cada cosa que le pasa a cada persona, de alguna u otra manera desencadena una serie de sucesos que termina siempre afectando a alguien, o a todos. Cuando era muy chiquita pensaba que la vida era como un cuento, que todas las personas no existían realmente, sino que eran parte de mi imaginación, que yo inconscientemente controlaba todo lo que pasaba, o por lo menos que todo tenía un destino escrito, como en las películas pelotudas que vemos cuando somos chicos, que de alguna manera terminan siempre con un final feliz.  Pero de a poco me fui dando cuenta de que no, de que cada uno de mis compañeritos del jardín (supongo que habrá sido salita de 5 más o menos cuando pensé en esto) tenía en su cabeza la misma idea; pensé que probablemente casi todos tenían la misma idea de ser protagonistas de su vida, que aquellos que molestaban a los demás, hacían llorar a otros o eran súper egoístas con los juguetes lo hacían porque pensaban que sólo ellos sentían las cosas, y que los demás realmente no sentían, que no vivían, etc. (Sigo pensando que la gente que realmente es una hija de puta, es porque realmente nunca desarrollaron esa manera de pensar, y por más que sepan que los demás realmente existen, sigue sin importarles). Después de pensar esto, empecé a preocuparme más por lo que sentía la otra persona; observaba más el comportamiento del resto, trataba de que los demás estuviesen bien, o por lo menos trataba de saber como estaban, me gustaba saber que estaba viviendo el otro; no siempre porque quería ayudarlos, sino por el simple hecho de que era divertido saber que era de la vida de los demás. Hace poco me dí cuenta de que hacer eso se había vuelto uno de mis hobbies, observar la vida de los demás; tanto, que ya ni hacía algo por la mía, pero bueno, eso fue mucho más adelante y además es otro tema que nada que ver.
A medida que fui creciendo, fui imaginando que sería linda, con las mejores notas de todo el colegio, con el mejor novio, exitosa, que llegaría a ser una cirujana bien grosa como varios de mis familiares, y todas esas cosas que se imagina uno que va a ser. Todo parecía ir bien, si me hubiesen conocido en esa época (obviamente sin tener la misma edad que yo) seguramente hubiesen pensado que podía llegar a suceder lo que yo había planeado, pero como a la mayoría, la vida me pegó con un palo tremendo. Tengo un trauma en mi vida, no se si un trauma, pero digamos que fue una parte de mi vida que realmente me cambió, y hasta el día de hoy dejo marcas en mí. No tengo muchas ganas de contar exactamente que pasó, es un tema largo y sinceramente no quiero acordarme mucho de eso. Pero lo que puedo decir, es que el 90% de las ilusiones y esperanzas que tenía se fueron al carajo. Supongo que todos tenemos un momento en nuestra vida en que perdemos de golpe esa “inocencia” que tenemos a esa edad. No se si es el divorcio de los papás, los maltratos en el colegio, ser pobre, la muerte de una persona o mascota; hay muchísimos casos, hasta existe gente que puede tener hasta 20 años y seguir siendo totalmente inocente. Por suerte lo mío no fue tan grave como el de otras personas, pero sí que me afectó y me hizo ver que muchas veces, las cosas no salen como uno planeó. Me alegro mucho por aquellas personas que planearon algo y lo consiguieron; también me alegro por los que planearon algo y resultó ser que pasó algo totalmente distinto, pero aún así, fueron felices. Creo que por tener esa idea de la perfección metida en mi cabeza, forcé a mi misma, y a otras personas, a sentir o hacer las cosas de tal manera, para así, poder llegar a mi objetivo. Pero bueno, uno no puede diseñar su vida como diseña una persona, una casa, o una vida en el Sims. La vida real no funciona así. Solamente hay que vivirla, y se va a diseñar sola. Tampoco digo que no haya que hacer nada, sino que debemos escuchar lo que el mundo nos dice que hagamos y seguirle la corriente, hacerle caso. Si la vida te dice “saltá” no debemos quedarnos parados tratando de hacer que el mundo nos espere hasta que decidamos saltar; tenemos que saltar.